Nociones básicas sobre la radiación

La radiación está por doquier; vivir en este planeta significa estar expuesto a la radiación natural. La radiación artificial se ha utilizado con éxito durante los últimos siglos para el diagnóstico y el tratamiento médico de patologías como el cáncer. El OIEA presta apoyo a los Estados Miembros para que sea posible diagnosticar y tratar a los pacientes de manera segura y eficaz por medio de la radiación.

La radiactividad no solo está presente en el cosmos y en nuestro entorno. Incluso los elementos que componen nuestro cuerpo se encuentran en la naturaleza en distintas variantes —conocicos como isótopos— algunas de las cuales son radiactivas, por ejemplo los radioisótopos del potasio, el cesio y el radio.

Al igual que la luz visible, la radiación es de naturaleza electromagnética. Si es lo suficientemente potente como para romper enlaces moleculares, ionizando así la materia (el proceso durante el cual un átomo o una molécula neutros pierden o ganan electrones para formar iones), recibe el nombre de “radiación ionizante”. Los enlaces moleculares pueden producirse en cualquier material, incluso en los elementos esenciales de la vida: el ADN.

Se ha demostrado que las alteraciones en las moléculas de ADN debidas a la radiación ionizante pueden dar lugar a células biológicas mutadas. Aunque la inmensa mayoría de estas mutaciones no son peligrosas para la salud humana, existe una pequeña probabilidad de que algunas puedan causar cáncer. Por este motivo, es fundamental entender cómo interactúa la radiación con la materia biológica.

La radiación ionizante puede penetrar profundamente objetos sólidos. Esta característica es la base para la radiología de diagnóstico y la radioterapia. Los rayos X, una de las formas de la radiación ionizante, se emiten desde un dispositivo de irradiación situado a un lado del objeto. Unos detectores adecuados ubicados al otro lado del objeto detectan la radiación que lo atraviesa. Este proceso puede utilizarse para producir una imagen que muestre las estructuras internas del objeto irradiado sin necesidad de abrirlo. Cuando este proceso se aplica en medicina, en un campo especializado denominado radiología de diagnóstico, permite obtener, con una intervención mínima, imágenes de las estructuras internas del cuerpo humano.

En medicina nuclear, los profesionales sanitarios inyectan a los pacientes una sustancia radiactiva que se acumula en una parte dada del cuerpo humano. Al detectar la radiación que sale del cuerpo, pueden extraer conclusiones sobre las funciones fisiológicas de la anatomía. En la radioterapia, la radiación penetra el cuerpo en dirección a los tumores y los destruye.

Las fuentes naturales representan alrededor del 80 % de la dosis media anual mundial a la que están expuestas las personas. La mayor fuente artificial de exposición para los humanos es la radiación con fines médicos, cuya contribución a la dosis media anual total ronda el 20 %, es decir, aproximadamente la mitad de la contribución del mayor componente natural —la inhalación de radón en los edificios— a la dosis media anual.

Por este motivo, es importante reducir al mínimo las exposiciones médicas a la radiación ionizante injustificadas. Esto se consigue mejorando los procesos de justificación y optimización de las exposiciones. La justificación requiere que solamente se exponga a la persona a la radiación cuando esto le reporte un beneficio neto claro.  Los procesos de optimización, por su parte, reducen hasta el mínimo posible y razonable la dosis de radiación que se utiliza para lograr un diagnóstico o un resultado terapéutico específico.

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